Lo que empezó como una inquietud de infancia, el ponerse los patines llevó a
Óscar Alexander Rivas Castillo a romper límites a contrarreloj en pistas
nacionales y foráneas por espacio de 22 años, granjeando orgullo a estos lares
del Arauca vibrador e inspirando a nuevos valores dentro de esta disciplinada
poco convencional en nuestro país.
Para muchos venezolanos, en especial para aquellos con más de 4
décadas en el calendario, patinar es una actividad pintoresca que se practicaba
en grupo al son de villancicos y gaitas en las noches y madrugadas navideñas.
Mas para atletas como el medallista venezolano Óscar Alexander Rivas
Castillo constituye una disciplina que vincula esfuerzo, concentración,
estrategia y elegancia, atributos poco comunes en competencias de velocidad.
Y es que, para este destacado velocista del patín –quien casualmente
cumple un año más de vida este 18 de enero – sus inicios en este quehacer
fueron más un impulso de infantil curiosidad. Con apenas 12 años, el también
conocido como El Llanerito –criado en Apure, aunque nacido en la
caraqueñísima Maternidad Concepción Palacios – empezó por el puro gusto de
calzarse sus patines y devorar distancia en los monumentales espacios del
Paseo Los Próceres, bajo el tutelaje del colombiano Edgar Meza,
entrenamiento que costeó su familia en forma particular.
Su inmersión en el deporte de los patines viró, por supuesto, su ritmo de vida,
que siempre estuvo signado por la actividad física; por influencia de su madre,
profesora de Educación Física, siempre formó parte de los equipos en la
Escuela Agustín Codazzi de Apure, así como los de la U.E. Clarisa Esté de
Trejo, también en Apure, de donde tuvo que migrar en su último año de
bachillerato a la U.E. Leopoldo Aguerrevere en Caracas, a fin de dar
cumplimiento a la que empezó a ser una apretada agenda de competiciones.
Ese inicial apoyo de su familia rindió sus frutos poco tiempo después, cuando
en 1999 un jovencísimo Óscar Rivas se alzó con 7 medallas, un número
realmente sorprendente, entre las que se cuentan una presea dorada disputada
en Patinaje de Velocidad, y otra de plata en la prueba de fondo, durante los
Juegos Deportivos Aragua 99 Su participación en ese evento dio mucho de qué
hablar, ya que su participación fue individual, sin equipo, preguntándose los
técnicos cómo pudo triunfar sin el respaldo que brinda una bancada.
Ya luego inserto como parte de la Selección Nacional de Patinaje, fueron los
atletas Edgar Mantilla Moreno, respetado patinador colombiano y autor de
libros dedicados a la enseñanza de este arte sobre ruedas, así como Carlos
Pino, también reconocido patinador venezolano con gran actividad deportiva en
Chile, quienes marcaron su sendero de triunfo sobre la pista.
Con el finisecular año de 1999 llega el estreno de Óscar Rivas en las lides
internacionales, en el Campeonato Mundial de Patinaje en Velocidad, en
Ñuñoa, Chile. Le sigue el muy augurado 2000, nuevo año, nuevo siglo, nuevo
milenio, y nueva cita foránea, en el Mundial de Patinaje Barrancabermeja,
Colombia.
Destaca Rivas que esta segunda convocatoria fue una verdadera aventura y
una prueba de voluntad: hubo problemas de logística, y casi desechan su
asistencia, a no ser por el puro deseo de la selección, que se armó de ganas
para llegar al hermano país cruzando la frontera y costeando la estadía con
recursos propios y aportaciones.
Como reflejo de su impecable quehacer sobre ruedas, en 2001 es convocado
para los World Games en Akita, Japón, invitación que recibe por el ranking
acumulado hasta la fecha. En dicha justa alcanzó la sexta posición a nivel
mundial, abriendo un sitial donde ondeó nuestro tricolor ocho estrellas, y donde
también destacó el criollo Antonio Díaz, karateca.
Ese mismo año dio a conocer su performance en otra prueba mundial, esta
vez en Valence d'Agen, Francia, en una asistencia marcada por la polémica,
toda vez que la Federación de Patinaje, tras reasignar el estipendio, que le
correspondía como figura número 1 del ranking, a otras personas con menos
puntuación, argumentó que había consumido todo su presupuesto en su
participación en los World Games, teniendo que recurrir al financiamiento
propio en aras de cumplir con dicho compromiso.
Otros escenarios donde Óscar Rivas dio a conocer su actuación fueron el
Panamericano de Clubes en Argentina, y otro Panamericano de Clubes con
lugar en San Antonio de Táchira, Venezuela. En 2004 cumplió además el
compromiso de competir por nuestro país en Pescara, Italia.
2005, sin embargo, marcó un hito importante en la carrera deportiva de El
Llanerito, cuando conquistó el oro en Velocidad, y bronce como fondista,
durante los Juegos Bolivarianos en Colombia, dejando en el terreno a la
selección neogranadina, famosa por siempre ganar los primeros lugares en
patinaje.
La otra dorada victoria de 2005 ocurrió para Rivas en los Juegos del Alba en
Cuba, donde arrasó Venezuela en la disciplina de los patines. Y por si fuera
poco, en Suzhou, China, se colocó en la quinta clasificación mundial.
Por ese tiempo recibió recibió Óscar Rivas reconocimientos varios, como el de
la Gobernación del estado Guárico en 2004, en acto con motivo del Día de la
Juventud, en el que fue elegido Atleta del Año de todas las disciplinas
deportivas, y el de la Alcaldía de San Fernando de Apure, en 2008, mientras
sus compromisos locales e internacionales dieron natural curso, con la estela de premiaciones conquistadas en su tierra y la satisfacción de escribir historia
en la actividad del Patinaje de Velocidad mundial.
Aunque hoy brinda apoyo administrativo en el área de Recursos Humanos y
apoyo administrativo en temas de salud manejados por la institución donde
labora, Óscar Rivas dedicó un tiempo considerable tras su retiro a formar
futuros cuadros de niños patinadores en el estado Guárico, y no escatima algún
tiempo por aquí y por allá para calzarse sus ruedas y dar recorridos en solitario
por la ciudad capital, particularmente por su muy adorado Paseo Los Próceres,
al que está muy ligado por situarse muy cerca de su hogar en Los Símbolos,
parroquia San Pedro de Caracas, lugar donde ha transcurrido buena parte de
su vida, familiar y deportiva.



